UM NOVO TEMPO?

Faz algum tempo não posto um texto neste blog. Acho que meu silêncio tem a ver com “um tempo para reflexão”. Faz algum tempo escrevi que havia sido tomado por um grande desânimo diante do que me parecia ser um discurso alarmista e pouco sustentado cientificamente, sobre o crack. Saindo de minha natação semanal fui abordado por um segurança nestes termos “é doutor, o crack é um problema…”. Até chegar em casa pensei : de onde saiu esta idéia? O que esse senhor tem lido que eu desconheço, será que ouve noticiários que me são inacessíveis? Ou será que repete o que lhe é dito todo dia pelos telejornais e que acaba ganhando contornos de absoluta verdade? Não há um santo dia ou mesmo uma santa hora (como diria o Robin, parceiro do Batman), sem alguma notícia sobre droga, algum bandido preso depois de assaltar e matar alguém, movido por outra droga, um delegado afirmando que as drogas estão aumentando na comunidade e, finalmente alguma coisa sobre a vedete destronada – o crack, e a vedete mais recente , destronadora – o oxi, ambas a mesma coisa, apenas com roupas (solventes) diferentes. Como não silenciar diante disto tudo e refletir: será verdade que as drogas, produtos químicos inertes, insensíveis à dor, incapazes de amar, incapazes de rir ou de chorar, rígidas, duras em suas conformações minerais (ou vegetais), são as responsáveis por todo o mal, por todas as misérias do mundo, no dizer de Bourdieu? Fico perplexo diante da ausência na mídia de referência às pessoas, seres humanos, Antonios, Pedros, Ronaldos, Marias, Madalenas e todos os nomes que inventamos ou copiamos para designar cada um em sua singularidade coletiva. Mesmo quando a mídia ou a polícia se refere a “um elemento”, para dizer de alguém que fracassou ou nasceu fracassado, ou se criou no fracasso ou que não teve oportunidade de ser outra coisa, o “elemento” vem, imediatamente, associado a uma droga. “Foi por causa dela”, dirão, para explicar o delito, como se a droga tivesse um corpo que seduz e uma alma para penar nas profundezas do inferno depois do julgamento. A parte humana dos humanos tem sido sistematicamente substituída pela parte não humana das drogas. Contudo, nos últimos dias o impossível que se anunciava aconteceu: o Ex-Presidente Fernando Henrique Cardoso protagonizou um documentário que nos encheu de esperança – a guerra às drogas não serviu para os consumidores; a guerra às drogas serviu aos traficantes; os usuários não são bandidos; droga é uma questão de saúde e de informação mais do que de repressão cega e indiscriminada. O Presidente convoca a sociedade brasileira para uma mudança de paradigma. Droga não é coisa de bandido é coisa de humanos. Qual a novidade nisto? Nenhuma. Claude Olievenstein disse isto nos anos setenta em Paris. Luis Patrício em Portugal. Não é o mesmo quando mortais dizem coisas sobre mortais, salvo quando se trata de tragédias. A novidade agora consiste na coragem de um homem público, culto e inteligente, reconhecido no Brasil e pelo mundo, de assumir que não estava bem informado ou estava impossibilitado de retirar a venda dos olhos, disposto a assumir o custo social que a ignorância ou simplesmente a má fé vão cobrar-lhe. Acho que é chegado um tempo de esperança para usuários, familiares e profissionais que não temem as drogas nem se beneficiam com elas. Não se trata de promover as drogas mas de outro tempo, um tempo no qual a violência econômica e a violência física tenham sido deixadas para trás com a ilegalidade. Nós da saúde cuidaremos dos usuários e seus males, físicos e psíquicos, próprios dos humanos sem estigmatizações nem preconceitos. E isto não é pouco. Só humano, “demasiado humano”.

“El crack responde a una necesidad brutal, que precisa una droga brutal”

No final de 2010, estive em Buenos Aires na condição de Assessor da Secretaria de Saúde do Município de Salvador, para apresentar as experiências desenvolvidas nesta cidade, envolvendo diversos aspectos da prevenção e assistência aos usuários de substâncias psicoativas.  Em que pese ter sido referido na entrevista como represente do Governo Brasileiro, minha relação com o Poder Central resume-se a eventuais assessorias ou participações em Comissões Especias, quer do Ministério da Saúde, quer da Secretaria Nacional de Políticas Sobre Drogas-SENAD. Abaixo, a entrevista em espanhol concedida ao jornalista Emilio Ruchansky e publicado no Site Argentino Página 12.

_________________________________________________________________________________________

“El crack responde a una necesidad brutal, que precisa una droga brutal”

El psiquiatra brasileño señala que no está contra el usuario, sino contra la droga, y se manifiesta a favor de la legalización de todas como forma de eliminar la violencia y el sufrimiento que generan el narcotráfico.

Por Emilio Ruchansky

–El paco es una sustancia relativamente nueva en la Argentina, recién el año pasado se supo que su composición química es en esencia alcaloide de cocaína. ¿Desde hace cuánto se consume en Brasil?

–Desde los años ochenta. Se le dice “crack” en todas partes, otra expresión no es reconocida. Es una palabra importada completamente de Estados Unidos, aunque no es la misma sustancia. Por el conocimiento que tengo, el crack fue una invención de los usuarios norteamericanos. En una crisis de falta de cocaína, ellos utilizaron el residuo de cocaína y asociaron carbonato de calcio, el que se usa para las tizas, lo que resulta un problema. El nombre es una onomatopeya: para ellos el sonido de una piedra que se rompe es: “Crack”.
–¿Qué medidas se tomaron desde lo sanitario cuando apareció?
–Por suerte, rápidamente se descubrió una cosa, que me parece importantísima para el crack. La vía de entrada es pulmonar y los pulmones son una inmensa vía de absorción. Es muy rápida. Y produce una gravísima “inundación” al fumar, como cuando los ríos desbordan e inundan una ciudad. Al fumar, ocurre una inundación brutal del sistema nervioso central, que se reparte en todo el organismo a través de la sangre, de un modo en que ningún otro medio de consumo consigue.
–¿Ni siquiera pinchándose cocaína?
–La misma cantidad inyectada precisaría una disolución sanguínea y un largo viaje hasta al cerebro para producir algún efecto. O sea, esa es una llegada más lenta que la vía pulmonar, que es inmediata y tiene una enorme, incomparable, intensidad. Esto es fundamental porque al fumar se produce una intoxicación de un centro cerebral responsable por el placer y, por otro lado, se produce metabolización inmediata de la cocaína. Justamente, el nivel de intensidad es tan alto que a la menor disminución de la intensidad va a producir una necesidad de reutilización porque la intoxicación es más alta. Además, cuando se usa una jeringa uno puede calcular mejor la dosis. Cuando usted fuma no hay un control tan preciso. Estas son las razones a considerar.
–¿Por qué?
–Pasa que el nivel de intensidad en el crack lleva oculto un fenómeno, que en Brasil resumimos así: “A una necesidad monstruosa, una respuesta monstruosa”. Déjeme explicarme mejor. Voy a decir una cosa que creo y defiendo. Yo creo que las personas tienen necesidades diferentes porque son biológicamente diferentes. Cada uno de nosotros tiene un patrimonio psíquico, que será determinado por el patrimonio biológico y las condiciones sociales, en las cuales los humanos conviven y se organizan. Esta una relación triangular permanente, que tiene como efecto la organización. No estoy hablando de inteligencia, ni de carácter, sino de organización. Considerando esto, cada uno de nosotros tendrá sus propias necesidades y sus propias posibilidades. No hay dos necesidades iguales, como no hay dos posibilidades iguales, porque no hay dos humanos iguales.
–Quiere decir que existe una fuerte determinación detrás de la elección.
–Así es. La “elección” de una droga será siempre el resultado de la interacción entre la posibilidad de un patrimonio biológico con una posibilidad psíquica en una condición social. La elección, muchas veces, llegaría a personas deprimidas, maníacas, excitadas, a organismos que van rápido, que soportan o que no soportan, a organismos que soportan una gran cantidad de cocaína en un psiquismo deprimido, en una situación desfavorable. Aquí se pueden hacer las combinaciones que usted quiera. Pero hay que destacar que en la combinación de los tres elementos son más importantes lo psíquico y lo social, puesto que lo biológico es estable, no cambia. Por ejemplo: alguien que pierde el trabajo, que ganaba bien, que tiene coche, casa. Esta persona tiene una constitución física buena, ninguna dolencia, pero una hipoteca que pagar por su casa y tres niños con una mujer que no trabaja. Ese hombre puede sufrir, puede beber o esnifar cocaína ocasionalmente y descubre que la cocaína resuelve su sufrimiento.
–Como si fuera un antidepresivo.
–Exacto. Pero no es un medicamento. No autentica la dolencia, no autentica la condición “patológica”. Si utiliza un antidepresivo reconoce que está enfermo, cuando usa la cocaína no.
–Pero la función parecería la misma.
–Es la misma, pero la condición y la representación no. Una es legal, la otra no. Una está en el ámbito médico, en la salud, la otra está en el ámbito de la intimidad. Y del placer. Este hombre busca una resolución del sufrimiento, no de la situación. De este modo, se comprende la historia que cada uno puede hacer de una droga. Tomemos los adolescentes. Los adolescentes sufren con la adolescencia, desafían al mundo, necesitan marcar su presencia en el mundo, con la transgresión dicen “estoy acá, soy diferente de mi mamá y de mi papá, yo soy otro”. Una de las transgresiones, en Brasil, no sé acá, es la utilización de la marihuana porque puede ser un sedativo, un desinhibidor y es una fuerte transgresión. La marihuana asocia a los adolescentes: pueden fumar juntos, comprar o cultivar juntos. Hay toda una cantidad de fenómenos asociados al consumo. Pero sobre todo los adolescentes saben que no morirán por fumar porro. Entonces, cumple bien todos los papeles que necesita el adolescente. Desgraciadamente, la policía, la familia, los médicos, los psicólogos no comprenden esta utilización y la criminalizan. La prohibición no es una ayuda a los adolescentes en su travesía hacia la vida adulta, es un vejamen. Esta utilización de la marihuana yo la considero absolutamente transitoria, en la mayoría de los casos, y funcional porque comprende, justamente, funciones para ellos.
–Es mejor que el alcohol para ellos.
–Absolutamente. Hace treinta años que trabajo en esto, tengo visto que la teoría de que la marihuana es la puerta de entrada para otras drogas no es verdad. Nunca fue. Es una de las peores mentiras que construyeron los humanos. No es la droga la que determina la persona, son los sujetos que determinan la droga. Atendí miles de personas que beben y no usan otra drogas. O que fuman y no usan otra droga. Lo que quiero decir, es que la elección de la droga responde a una necesidad humana. La cocaína no tiene necesidad, los humanos la tienen.
–Y a veces esta necesidad es monstruosa, como dice usted.
–Hay humanos que son periféricos sociales, yo los llamo en Bahía “los invisibles”. Son visibles pero invisibles socialmente. Personas sin futuro, sin la menor posibilidad en la geografía de las oportunidades. Son presos en condiciones monstruosas. En mi experiencia el crack “responde” a una necesidad brutal, que precisa una droga brutal. La marihuana no es para esta necesidad brutal. Es lo social lo que crea la posibilidad de una droga. Esto es fundamental para cualquier política y práctica médica. En este momento, vivimos algo crucial, creo fuertemente, tal vez estoy loco, que nuestro mayor problema son las rupturas de los pactos. No hay más representación de ley, padre y madre han perdido su posición. Padres e hijos están muy próximos, muy semejantes, muy parecidos. Los hijos no oyen de sus padres lo que pueden o no pueden, porque no pueden escoger. Los padres no les dicen qué se puede.
–¿Los mismos padres perdieron el respeto por la ley?
–Perdieron la referencia de ley, no se reconocen a ellos mismos como ley… no sé la policía de ustedes, pero la de Bahía, la de Brasil, no se distingue en nada de los bandidos, salvo por el uniforme. Los bandidos son más organizados que la policía. El narcotráfico en San Pablo está muy bien organizado, con una fuerte jerarquía de ley, y nosotros que deberíamos establecer las reglas sociales nos perdimos completamente. Pero la cuestión no es la droga sino los humanos, si lo que sustenta las relaciones, las leyes, fracasan, los humanos se desorganizan. En este sentido, la presencia de droga es un síntoma y no una causa, de la desorganización y ruptura de pactos. Por eso, yo defiendo que trabajemos en cuidar a los que sufren los efectos químicos y psíquicos de las drogas pero es más importante que miremos los pactos y acuerdos para restaurar las relaciones entre humanos. Desgraciadamente, trabajamos con las drogas y no con los humanos.
–El crack no desaparecería.
–No. Ninguna droga desaparecerá. Yo tengo una posición completamente anormal sobre el tráfico. Yo creo que el crack no es una buena droga comercial porque provoca una gran intoxicación que puede provocar muy fácilmente la muerte. La cocaína es soluble en agua, el crack, el que tiene carbonato de calcio, no es soluble y eso provoca problemas pulmonares respiratorias graves.
–¿El solo uso, aunque sea esporádico, hace un daño irreversible?
–Hay uso controlado de todas las drogas, pero hay algunas con menores riesgos, menores posibilidades químicas. Claro que hay personas con mejor competencia biológica, psíquica y social para usar el crack y que se pueden sanar. Algunos trabajos demuestran que el crack puede producir daños en el sistema nervioso central, produciendo parkinsonismo crónico, como puede pasar con los neurolépticos legales. Es una especie de temblequeo constante. El crack en Brasil no es pobre en cocaína, como podría ser el que se fuma en Argentina. Es el alcaloide, pero como no está refinado tiene otras cosas como el ácido sulfúrico, éter y otros residuos químicos que no están en la cocaína. Por eso, la pasta o el crack es más dañino que el clorhidrato puro. Los que utilizan crack no se alimentan, tienen otros padecimientos asociados, utilizan otras sustancias. No olvide que la mayoría está en condiciones sociosanitarias y afectivas muy precarias. Y que esas personas pueden morir más fácilmente de enfermedades accesorias, trastornos producidos por el consumo permanente de crack.
–Los usuarios no desconocen esto.
–Por eso creo que el crack, por su poder de producir daño, no es una buena droga de comercio, si se legaliza todo. ¿Por qué en un principio San Pablo tenía crack pero Río no? Porque los traficantes sabían que el crack desorganiza el comercio, los usuarios de crack son muy desorganizados, más trastornados. Los comerciantes de Río dijeron: “No queremos acá perturbaciones en nuestro comercio de cocaína”. En Salvador hay un comercio desorganizado con cocaína, el crack no tendrá larga vida como droga de masa, será siempre circunscripto para aquellos que necesitan una droga así. El crack no es el alcohol, que permite encuentros, comunicaciones, fiestas. El crack no se insertó en la pauta cultural, por lo tanto el crack no es, ojalá tenga razón, no será una droga sostenida comercialmente como algunos dicen en Brasil.
–¿Políticamente se hace algo para frenar el consumo?
–Sí. Todos, griegos y troyanos, están unidos contra el crack porque se tornó en el responsable de todos los sufrimientos. Lula hizo un discurso, hace dos meses, donde ¡responsabiliza al crack!: la sustancia deviene persona, se tornó una entidad responsable por todo lo malo en Brasil. José Serra, uno de los candidatos presidenciales, les dice a todos: “Voy a hacer hospitales en todo Brasil para tratar a los usuarios de crack”. Como si la solución fuera hospitalizar y tratar a todos los usuarios.
–Pero ustedes precisan más lugares.
–Es cierto, pero no como solución. No necesitamos un hospital en cada ciudad. Vamos a producir la muerte social de millones de personas que no deberían estar internadas porque no son enfermos. Porque la relación con la droga no produce siempre una enfermedad. Un usuario no es un toxicómano necesariamente: el uso puede ser experimental, recreativo.
–¿Cómo se debería tratar a los usuarios de paco?
–Necesitan de una intervención médica, psiquiátrica y también social. Son personas, repito, los usuarios de crack no son la clase media ni la clase rica. Están muy próximos a la periferia, a la miseria de la exclusión. Necesitan la oferta de una posibilidad social, que no sé si es posible. Tratarlos es simple, se los interna, cuida, hidrata y se les dan medicamentos para dormir, se conversa. En 10 o 15 días el cuerpo está sin problemas, pero el espíritu continúa igual, si no cambia la condición social en una o dos semanas tenemos la misma cosa. Ahora sólo les damos tratamiento casi exclusivamente para el cuerpo. Si tiene mil personas, mil camas. Cuerpos entran, cuerpos salen, entran. ¿Pero qué ofrecés socialmente?
–¿Qué tipo de estructuras sanitarias tienen para este tema?
–En Brasil, no el gobierno, sino la organización de los usuarios y los portadores de trastornos mentales se organizaron junto a sus familias, presionamos para conseguir la reforma psiquiátrica: la deshospitalización, algo que aquí también reclaman y consiguieron. Creamos dos instancias: las casas de pasaje protegidas y los centros de atención psicosociales: los “Caps”. Hay cap1 (ambulatorios de baja complejidad), cap2 (drogas), cap3 (drogas con 24 horas de trabajo, hospitalización corta y de 5 a 10 días como máximo para desintoxicación). Yo acabo de inaugurar un cap3 en un barrio periférico populoso en el noroeste de Salvador. Y es el primer centro en Brasil, no en Bahía, para niños que utilizan drogas y están en conflicto social, en las calles. El primero en un país con 200 millones de personas.
–¿Cómo se logró abrirlo?
–Pasamos a luchar políticamente con la universidad que tiene el poder técnico y ahora provocó al poder político. Es importante aclarar que no necesitamos hospitalizar, no es la regla, como quieren los psiquiatras. Es la última opción. Toda hospitalización debe ser corta. Yo trabajé en Francia con lo peor de los heroinómanos y se ponen de pie en diez días, físicamente, pero su alma no se pone de pie en diez días, tal vez no se ponga nunca.
–En Suiza y en España también se abrieron salas de consumo controlado de heroína. ¿Cree que eso podría funcionar para los paqueros?
–Sí, sí, sí. Yo defiendo esto, aunque es una herejía en mí país. Si los países trabajan en la lógica contra las drogas y no a favor de los usuarios, o sea contra los usuarios, entonces admitir estas salas es admitir que los usuarios tienen derecho a utilizar drogas y es un deber del Estado protegerlos en su utilización. Significa que yo puedo ayudar a alguien que se droga a no morir, a no enfermarse. Esta sala implica una comunicación entre una persona que se droga y un técnico en salud, es una condición propicia, buena para el intercambio. Yo creo que más aún para el crack, que es el desorden completo. ¿Por qué dejar a las personas abandonadas a su suerte o a su mala suerte? Si alguien escoge un riesgo como el crack, debe ser prioridad de atención y cuidado.
–¿Cuál es su próximo proyecto en Bahía?
–En seis meses, espero, vamos a tener en un centro de atención psicosocial para internar exclusivamente los usuarios de crack por cortos períodos, con una casa asociada, que yo llamo “casa de medio camino”. Es para que esas personas en 10 o 15 días puedan pasar a esta casa donde permanecerán el tiempo necesario para salir.
–No sería un sala de consumo protegido…
–No puedo contestarle eso hasta ver qué pasa. Tengo 66 años y estoy en posición de decir muchas cosas en Brasil sin ir preso. Pero primero quiero provocar la discusión en la universidad. En pocos días estoy abriendo en Pelourinho (un barrio antiguo y turístico de Salvador) una casa que llamo “punto de encuentro”, que sirve para acoger a personas de Pelourinho y otras regiones, darse una ducha, cambiar de ropa sucia por limpia, tomar un café. No pueden permanecer, no es un hospital ni un ambulatorio, sólo un punto de encuentro, necesario para seguir avanzando. Es el primer paso para reconocer que es mejor un hijo protegido en el uso, que muerto y desprotegido.
–Si el uso de drogas, según usted, no va a desaparecer, ¿cree que es mejor legalizarlas?
–Así es. Básicamente, porque los humanos nunca dejarán de ser humanos. Nunca, salvo que en mil años no seamos humanos y seamos mitad máquinas…
La legalización yo la defiendo para todos los productos sin excepción porque no estoy ni en contra ni a favor de las drogas, estoy a favor de los seres humanos. Las drogas forman parte de las cosas del mundo y los humanos también. Pero los humanos piensan y las drogas no. Creo que los humanos destituyeron a la muerte de su valor, la vida se define por la muerte y la muerte por la vida. La vida no es más valorada, en Brasil hay una crisis con esto. Se matan como si fuesen moscas. Los hombres se matan en mi ciudad: 20 por fin de semana. Es mucho. El tránsito mata 200 mil personas por año en Brasil y no hacemos nada… pero vendemos y vendemos más coches.
–¿Qué opina de la violencia ligada al tráfico?
–El tráfico no tiene ley sino fuerza, si entrás en mi campo te mato y si quiero ocupar tu territorio me matás o trabajás para mí. El más fuerte controla un territorio más grande. Si esta violencia no se resuelve sino por la fuerza, tengo la alternativa: introducir el tráfico y la marginalidad que lo rodea en la legalidad. “Bueno, ahora no precisás más matar a otro para ocupar territorio porque trabajaremos nosotros con la ley”, diría el Estado. Tu comercio, tu droga, los adolescentes no tendrán que exponerse a las violencia y a la muerte. Creo que están de un lado los humanos, su sufrimiento y las drogas; y por el otro, el comercio, la producción, el tráfico y la violencia. Si me libro de esto último… ¿qué resta? Las drogas con los humanos con sus sufrimientos y con los trastornos que las drogas les causan o no. En la salud sabés qué hacer con la enfermedad, pero no qué hacer con la violencia y el tráfico.
–¿Cuánto cambiaría el escenario con la legalización en su trabajo?
–Puedo trabajar mejor. Puedo reutilizar los recursos gastados en el tráfico y la violencia que no consigo controlar ni dominar. No resolverá todo el problema. Pero pienso: “Si legalizo y hay un aumento del consumo… trabajaremos con el aumento. Si legalizamos, disminuye el consumo, muy bien. Si legalizamos y nada ocurre, mejor”. En todo caso, estaré libre de una monstruosa violencia en un país que tiene un Estado oficial y uno no oficial. Tenga en cuenta que en la sociedad brasileña hay desigualdades sociales y económicas enormes. El 10 por ciento tiene el control del 40 por ciento de la riqueza. Si no soy capaz de cuidar de esto y si legalizo las drogas, clavo una lanza en el corazón del león, esta enormidad del narco: 500 billones de dólares en el mundo que corrompen a todos, que compran todo, Iglesias y políticos.

 

¿Por qué Antonio Nery Filho?

La amenaza mortal del paco

Por Emilio Ruchansky

Por momentos, más que un psiquiatra, Antonio Nery Filho parece un chamán. Es moreno, bajito, lleva su pelo canoso atado con una colita y habla con aire solemne sobre la aparición del tiempo, la muerte y las drogas como forma de aliviar el sufrimiento de estar atrapado en el presente. Estuvo en Buenos Aires para contar su experiencia en el tratamiento de usuarios de paco en Salvador, Brasil, durante la octava Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas, organizada anualmente por la asociación Intercambios en el anexo del Congreso. En su país, dice, hay una frase que resume la asociación entre el consumo de paco y la pobreza: “A una necesidad monstruosa, una respuesta monstruosa”.

A mediados de los ’70, Filho emigró a París a formarse en psiquiatría. Allí regresaría una década después para especializarse en la atención de usuarios problemáticos de drogas. Lo había impactado lo que había visto luego de ganar un concurso para dictar clases de psiquiatría legal en la facultad de su ciudad natal. “Rápidamente encontré usuarios de drogas internados en los hospitales universitarios para saber si eran traficantes o enfermos. Y todavía no se hablaba tanto del crack, o el ‘paco’ como lo llaman aquí”, recuerda.
En Francia fue discípulo y compañero de Claude Olievenstein, fundador del Centre Médical Marmottan en París, donde por primera vez se reconoció a los usuarios de heroína como “ciudadanos” y sujetos de derecho. Olievenstein lo ayudaría luego a fundar clínicas especializadas para tratar usuarios de cocaína por vía intravenosa y paco. Nery Filho es, entre otras tantas cosas, fundador del Centro para la Investigación y Terapia del Abuso de Drogas (Cetad) y asesor del Ministerio de Salud brasileño. También dirige el curso de Etica Médica de la Universidad Federal de Bahía, donde critica muy seguido a la corporación psiquiátrica de su país.

Sai Pedro, fica Paulina

Recebi através lista de e-mails as preocupações que transcrevo abaixo, com relação à saída de Pedro Abramovay e a nomeação de Paulina Duarte para a Secretaria Geral da SENAD:

“Desculpe-me se a noticia eh velha mas achei que valia avisar para alguns.

Q perda.

Alguem sabe das consequencias, eh soh jogo de cena? A substituta ta a altura?

Tem enquete no o globo e o retrocesso esta ganhando”

 

“Depois da boa entrevista do FH, isto eh andar para tras. Tomara que para cada passo para tras tenha dois para frente…

Abs

João”

 

Respondi:

Caro João Menezes,

Como você pergunta se a substituta está à altura de  Pedro Abramovay, respondo que sim. Se por um lado Pedro é o que poderíamos ter de mais avançado, Paulina Duarte deu à SENAD, enquanto Secretária Adjunta, representação nacional financiando pesquisas e projetos sérios e – muitas vezes – considerados avançados. Defensora das práticas redutoras de riscos e danos, orienta-se pelo e para o cuidado com os usuários de substâncias psicoativas lícitas e ilícitas. Trabalhou na construção da proposta “Ações Integradas” que implica diversos campos do conhecimento, economizando esforços, recursos e, sobretudo, distanciando-se da malfadada e incapaz política repressora centrada nas substâncias. Posso dizer que a Dra. Paulina Duarte está muito mais preocupada com os consumidores do que com os produtos consumidos. Entretanto, todos temos limites – que podem ser ultrapassados como agora observamos nas declarações e escritos sobre drogas do Ex-Presidente Fernando Henrique Cardoso – e Dra. Paulina Duarte não parece concordar com a legalização pura e simples das atuais substâncias ilícitas nem com penas alternativas para pessoas utilizadas pelo grande tráfico, em geral mais vítimas do que algozes. A Argentina, nossos caríssimos vizinhos, compreenderam isto e não estão mais mandando para as cadeias (verdadeiras escolas do crime), los pequienos miserables que chamamos no Brasil, muito pejorativamente, de mulas, animais estéreis, feminino de burros. Creio que ela aceita a descriminalização do consumo de substâncias psicoativas ilícitas e não se opõe à despenalização do consumidor, o que não é pouco no Brasil. Aliás, coube a ela os esforços atuais para revisão da Lei de Tóxicos, promulgada em 2006; lembrar que foram necessários trinta anos para mudar a Lei anterior (6.368/1976). Não vai ser fácil para ela navegar nas águas do Ministério da Justiça (pessoalmente teria preferido Ministério da Saúde  ou Ministério da Cultura). Não teremos Pedro mas teremos Paulina que, certamente, “combaterá um bom combate”.

Codialmente,

Prof. Antonio Nery Filho

QUEM TEM MEDO DA LEGALIZAÇÃO?

Recentemente, fui entrevistado por duas jovens estudantes do ensino médio de um bom colégio de Salvador. Elas achavam difícil conseguir espaço em minha agenda e por isso recorreram a Patrícia Flach, minha ex-aluna na Faculdade Ruy Barbosa e agora colaboradora das mais atuantes e competentes no CETAD/UFBA. Patrícia é a mãe de uma das duas interessadíssimas estudantes. Entrevista marcada, recebi-as cordialmente tentando reduzir ao máximo a distância que vai de um homem que começa a envelhecer (tenho 66 anos) e duas mocinhas de 16 anos. Celulares postos sobre a mesa, seguiram uma lista de muitas perguntas cuidadosamente elaboradas, como pude constatar. Estavam muito sérias, quase cerimoniosas, dirigindo-se a mim por senhor. Respondi a todas as perguntas sem qualquer pressa; não escolhi palavras fáceis, nem frases “para jovens”. Respondi o que tinha de responder, dentro de minha experiência e do conhecimento que disponho. Não apresentei verdades concluídas, mas minha visão sobre adolescência, violência, tratamento e aspectos legais relacionados com as substâncias psicoativas. No final, feitos os agradecimentos de um lado e outro, pediram para me fotografar. Isto sempre me espanta, mas tento encarar numa boa.

Alguns dias depois da entrevista, Patrícia me informou que “as meninas” estavam irritadas em razão de corte, promovido por professora, a tudo que se referia a minha posição favorável à legalização da produção e comércio das substâncias psicoativas ilícitas. Patrícia estava muito zangada, diga-se de passagem, decidida a escrever uma carta “enquanto mãe”, endereçada à escola.

Deste modo, recebi de Patrícia o e-mail que transcrevo abaixo junto aos comentários que fiz em resposta. Compartilho com todos, esta pequena troca de correspondências, rica em significados e de possibilidades para dialogar, porque importante é poder conversar, discutir, ouvir e ser ouvido. Muitas são as verdades, como muitos são os caminhos.

Eis os textos:

Sou Patrícia, mãe de Paula von Flach. Venho acompanhando otrabalho desenvolvido por Paula e suas colegas com o tema “Meninos do Brasil”, considerando muito pertinente a proposta no sentido do desenvolvimento de uma postura mais crítica e baseada em informações não midiáticas. Nesse sentido, não posso deixar de manifestar minha decepção e, de certa forma, indignação com a forma como a entrevista do Dr. Nery vem sendo desrespeitosamente cortada. Sei que é um tema polêmico, assim como o aborto, eutanásia, extermínio de menores e tantos outros, mas  considero que exatamente por isso é necessário abrir espaços de discussão, com acesso a informações técnicas, que permita  aos alunos se posicionarem criticamente. Poderia citar uma série de revistas e jornais sérios, a exemplo do jornal francês Le Monde, Folha de São Paulo, dentre outros, além de pessoas públicas como três ex-presidentes – dentre eles Fernando Henrique Cardoso -, que discutem o tema da legalização das drogas. O profissional entrevistado, Dr. Antonio Nery Filho, é uma pessoa com notório saber sobre a temática, reconhecido internacionalmente, professor de ética da FACULDADE DE MEDICINA DA BAHIA – UFBA e de Bioética na FACULDADE RUY BARBOSA, ex-conselheiro do CREMEB, criador e coordenador do CETAD, Centro reconhecido internacionalmente e que atualmente tem suas práticas reconhecidas pelo Ministério da Saúde e pela Secretaria Nacional de Políticas sobre Drogas que, inclusive, financiam a implementação dessas estratégias em todo o Brasil, com a coordenação desse Centro. O Estado da Bahia e o Município de Salvador também têm uma parceria com o CETAD, que propõe e implementa suas atuais políticas sobre drogas. Poderia preencher toda essa e várias outras  folhas com informações que ratificam a competência desse profissional sobre o tema sobre o qual foi entrevistado, mas é absolutamente desnecessário… podem acessar seu currículo Lattes.  Tudo isso para dizer que a censura das suas palavras é um desrespeito a ele e aos alunos dessa escola que não são cegos e surdos a uma questão que é tema principal da agenda dos atuais candidatos à presidência e que têm o direito de discutir o tema, concordar ou discordar.
Importante salientar que a defesa da legalização das drogas não é de forma alguma uma apologia ao seu uso, pelo contrário, é uma proposta de regulação pelo Estado de uma
questão  que hoje é regulada por traficantes.

Atenciosamente,
Patricia von Flach

 

____________________________________________________________________________________________

Patrícia,

Obrigado por suas considerações. Quando recebo jovens estudantes, peso muito o que digo e sou responsável pelo que digo. Assumo riscos, mas não transijo nem considero nossos filhos incapazes de identificar o certo e o errado quando lhes damos as informações necessárias. Aliás, este é um problema: nossos filhos e filhas vivem sem um norte claro, sem a possibilidade de reconhecer a verdade, porque, sobre muitas questões, quase sempre só lhes é dado conhecer a mentira. Sei que a legalização das drogas ilícitas é um tema que incomoda à sociedade brasileira, acostumada aos enganos e superficialidades constantemente apresentados pela grande mídia, atualmente voltada para um gozo incessante e oportunista em torno do crack. Não há como negar a relação entre tráfico e violência num comércio sem fronteiras nem limites. Creio que só a intervenção do Estado colocará um basta neste monstruoso ganho que devora vidas. Se o tráfico (ilegalidade) desaparecer, nos restarão as questões de saúde e as dificuldades próprias aos humanos. Certamente o consumo não desaparecerá, talvez nem diminua; num cenário pessimista, o consumo pode até aumentar; mesmo assim teremos um problema com o qual sabemos e podemos lidar. Retirar a possibilidade de nossos jovens poderem discutir estes aspectos, francamente, é uma droga!
Grande abraço,
Nery

 

CRACK: É CADEIA OU CAIXÃO – UMA PROPOSIÇÃO INDECENTE

No Brasil, até meados dos anos oitenta, as intervenções envolvendo as drogas ilícitas, careciam, geralmente, de apoio científico, ou consideravam as drogas um mal a ser erradicado, apoiando-se em uma Lei orientada pela repressão (Lei 6368/1976-Lei Antitóxicos do Brasil). As atividades ditas preventivas tinham como princípio acentuar o caráter danoso das substâncias, centrando-se quase que exclusivamente nos danos à saúde e morte dos usuários. Esta orientação recebeu o nome de “pedagogia do terror”.

A partir dos trabalhos epidemiológicos e sócio-antropológicos desenvolvidos de 1987 até os dias atuais, foi possível evidenciar não somente as características quantitativas do consumo, mas também suas características qualitativas. Além disso, a clínica evidenciou o lugar da substância na economia psíquica do consumidor, deixando de considerar o uso de drogas ilícitas como um mal a ser extirpado a qualquer custo e sim, uma alternativa diante do sofrimento físico, psíquico e social.

Fez-se a necessária distinção entre o consumo experimental, eventual e a dependência, esta última reconhecidamente uma doença. Evidenciaram-se os riscos inerentes ao consumo de quaisquer substâncias psicoativas, sem, entretanto, demonizá-las. Nesta mesma direção, caminharam as novas atividades preventivas, rebatizadas como protetoras da vida (educação para a saúde), constituindo-se em mais do que a mera informação sobre as substâncias e seus efeitos – informação necessária, mas não suficiente – a educação para a saúde implicou na abordagem dos agravos à saúde em uma dimensão mais ampla e complexa.

Vale lembrar que, o reconhecimento da epidemia de SIDA/AIDS exigiu dos profissionais da saúde, nos anos noventa, o desenvolvimento de estratégias voltadas para os usuários de drogas injetáveis (UDIs), nascendo daí os programas de redução de danos, representado em particular, pelo fornecimento de seringas e preservativos aos usuários, apoiados em uma relação de confiança, respeito aos indivíduos e garantia de seus direitos fundamentais e de cidadania.

Lamentavelmente, uma parcela não negligenciável da população – em geral vinculada a grupos religiosos – continuou a enxergar nas drogas ilícitas um mal a ser combatido, sobretudo após a divulgação crescente pela mídia dos danos causados pelo CRACK e, mais especificamente, a sua relação com a violência e morte.

Infelizmente, também, estas circunstâncias foram fortemente associadas às práticas de consumo e nunca – ou quase nunca –, ao tráfico, comércio sem limites ou fronteiras, gerido por uma só regra: a violência e morte. Longe de voltar seus olhos para as condições sociais – desigualdade, exclusão, falta de oportunidade na ascensão social e educação – dentre muitas outras, diversos segmentos sociais tem adotado discurso banal e demonizador, expandindo-se numa espiral enganadora.

Em nome da proteção de nossos jovens, a “guerra às drogas” voltou com força à cena pública. Na Bahia, foram expostos outdoors e busdoors sugerindo que 80% das mortes (sem especificá-las) estariam relacionadas com o crack. As fotos mostravam pés com etiqueta claramente relacionada à morte violenta e ao Instituto Médico-Legal, ou então mãe lamentando a morte de seu filho(a) pelo crack.

É curioso que as televisões mostrem sempre, como argumento em sustentação ao horror relacionado com o crack, cenas envolvendo pessoas em extrema exclusão e desfavorecimento físico, psíquico e social, expandindo de modo “natural” estas cenas para a classe média e responsabilizando o “objeto droga-crack” pela infelicidade e mal-estar que marca a sociedade brasileira contemporânea e, consequência inelutável, sugerindo que o banimento da droga seria igual à restauração dos valores e da paz social.

Há mesmo uma clara proposição que responsabiliza o consumidor, objetivamente, pelo tráfico e, consequentemente, pela violência e morte: CRACK: é cadeia ou caixão. Sem consumo o tráfico para. Proposição tão fácil de aceitar quanto enganosa.

Os humanos não são o mosquito da dengue: não basta acabar com a droga – leia-se crack – para acabar com o tráfico. Haverá sempre uma nova droga, compatível com os tempos e lugares. Armar o Estado para lutar contra o crack ou segregar seus usuários em instituições totalitárias e exclusoras significa errar completamente o alvo.

O crack é o sinal indicativo da sociedade atual que rompeu laços importantes para sustentação da sociabilidade e destituiu de valor dimensões fundamentais de representação de Lei, tais como pais, escola, governos, polícia, para citar algumas.

Portanto, muito mais do que demonizar uma droga, através de afirmações indecentes, é necessário reinventar a ética enquanto espaço de reflexão, ressignificar valores morais e refazer os laços sociais indispensáveis para a convivência humana.

Porque os humanos usam drogas – II

O que a gravidez de minha filha tem a ver com os humanos e o consumo de drogas?

 TUDO, na medida em que considero as circunstâncias envolvendo o nascimento de minha neta: a vida, a alegria, a renovação, a esperança, a transgeneracionalidade. Desta perspectiva, não haveria lugar para outra coisa em sua vida que não fosse amor. Se pudesse imaginá-la como uma Jabulani[1], ela seria cheia pelo melhor de cada um de nós; suas faltas e falhas seriam tão pequenas…, insignificantes quase, não fosse a importância das faltas na malha de nossa subjetividade. Tantas Marias, Paulas, Anas, Pedros e todos os nomes, terão nascido e nascerão nestas circunstâncias!.

Ocorre que, pelo final da gravidez de minha filha, sua mãe adoeceu e tivemos de cuidar de duas situações extremamente significativas para os humanos: de um lado a reinvenção da vida e do outro, os temores da doença a e ameaça de morte. Uma frase, contudo, resolveu a questão: “não posso morrer, tenho minha neta para cuidar…”. Aquela criança era a Vida de todos nós; não havia, naquele momento, lugar para morte.

 E o Pelourinho?

 Volto àquela gravidez, talvez a quarta daquela mulher, sem assistência, ocorrida naquele quarto dividido em duas pequenas metades por um velho lençol esburacado e sujo, suspenso por um fio… uns dormiam, outros ouviam os ruídos, todos os ruídos,  como me disse Gey Espinheira, “não há intimidade na miséria, tudo se expande, tudo é comum e coletivo”. Aquele filho seria mais um filho da tristeza, da falta de esperança; para ele não havia a expectativa da alegria; só a expectativa da sobrevivência. Aquele João-Antonio-José, nasceria sob o signo da falta de possibilidades. Sua plenitude estaria muito próximo da dor e da morte!

 E o que isto tem a ver com o consumo de drogas? Tudo!

 Tudo, se admitirmos que cada humano consumirá esta ou aquela droga, na medida de suas necessidades subjetivas e sociais. Não são as drogas que fazem os humanos – já foi dito – mas são os humanos que fazem as drogas, ou, se dissermos de outro modo, em função dos buracos/faltas que constituem a estrutura de nossas histórias. Alguns de nossos filhos terão pequenos espaços para as drogas em suas vidas; outros filhos nossos encontrarão mais facilmente nas drogas a possibilidade de suportar o horror da exclusão pelo nascimento. Entre uma história e outra, há todas as possibilidades – a vida é mobile. Nossos nascimentos não são garantias inelutáveis de destino, mas portam a semente do que poderemos ser.

 Neste sentido, o uso de drogas será, sempre, indiscutivelmente, uma questão humana.

 


[1] Nome dado à bola utilizada no Campeonato Mundial de Futebol, ocorrido em junho/julho de 2010, na África do Sul.

Porque os humanos usam drogas – I

Narciso (1594-1596), por Caravaggio

Recentemente, escrevi texto para apoiar a formação dos Coordenadores da atividade que denominei em 1995, Consultório de Rua, voltada para a aproximação e assistência aos meninos e meninas vivendo permanentemente nas ruas de Salvador. Decidi postar uma parte do escrito. Aqui vai a primeira metade.

[…] Se os humanos usam drogas (substâncias psicoativas legais e ilegais) porque são humanos, haveremos de considerar, no mundo de hoje, duas outras dimensões – a dimensão social e a própria substância. Valho-me, aqui, de um relato envolvendo meus mais próximos.

Há quase cinco anos minha filha telefonou-me para dizer que não estava sentindo-se bem. Vale dizer que tinha, àquela época, 27 anos, e vinha de sua primeira experiência de “morar sozinha”. Minha resposta imediata foi “você está grávida”, no que fui veementemente contestado. Elevado ao estatuto de doença, aquele mal-estar foi tratado por um colega otorrino, pois era fundamentalmente tontura e um não sei o quê indefinidos, como se fosse labirintite. Por minha insistência, exame laboratorial revelou, efetivamente, tratar-se, bel et bien, de gravidez. Creio que a doença poderia ser atribuída aos temores de minha filha quanto a este evento “autônomo”. Por que tomo, publicamente, fatos de minha vida pessoal? Para salientar que, durante alguns meses, transitamos todos na alegria da espera de minha primeira neta e primeira sobrinha. A mudança para um apartamento maior, as adaptações, a pintura cor de rosa, as compras, tudo era fortemente significado pela Vida. Coisa curiosa: diante desta gravidez fiquei mais sensível à percepção da pobreza de muitos pacientes do CETAD[1]. Ocorria-me demorar um pouco mais nos semáforos observando meninos e meninas molhados pela chuva ou queimados pelo sol da Bahia, exercitando malabarismos canhestros, montados uns sobre os outros, num circo triste e infame, até que algum impaciente reclamasse com sua buzina. Fiquei mais sensível aos excluídos e sem oportunidades, aos invisíveis que se expunham pelas ruas de Salvador.

Não raro, deparava-me com cenas vividas tempos atrás, no início de meu trabalho com usuários de drogas. Lembro-me, em particular, de ter entrado em um cubículo imundo, em uma rua do Pelourinho, onde viviam crianças e adolescentes em torno de uma mulher envelhecida precocemente pela miséria; estava grávida.

E o que isto tem a ver com o consumo de drogas? Tudo, absolutamente tudo !


[1] Centro de Estudos e Terapia do Abuso de Drogas – CETAD, Serviço Especializado da Faculdade de Medicina da Bahia – UFBA, sob minha Direção desde o início em julho de 1985.

O DISCURSO DO PRESIDENTE LULA SOBRE DROGAS FOI ANTIGO E COMUM

 

Assisti ao vídeo do Presidente Lula na abertura da XII Semana de Luta Contra as Drogas, em Brasília, dia 21 próximo passado. Confesso que fui invadido por um enorme desânimo e tristeza ao ouvir e ver o Presidente centrar seu pronunciamento no combate, na luta contra as drogas e em particular contra o crack. Um aviso: sou fascinado pela personagem Luiz Inácio Lula da Silva, pelo homem de inteligência incomum, por sua capacidade para aprender e apreender coisas inimagináveis. Entendo porque 120 milhões de brasileiros compreendem suas metáforas simples e diretas, sem rebuscamento, apoiadas num gestual e voz inconfundíveis. Ouço o Presidente Lula quando fala do que conhece bem: a pobreza; a luta pela sobrevivência; a persistência; a política; o Brasil, seu poder e lugar no mundo. Contudo, ouvi-lo falar das drogas pareceu-me antigo e comum. Pior, com seu extraordinário poder de convencimento pode ter feito retroceder os difíceis avanços conquistados nos últimos anos e as estratégias de atenção às substâncias psicoativas em suas dimensões sócio-culturais, educativas e mesmo clinicas, quando propõe encarar a droga como o principal inimigo a vencer, lutar contra o crack e recuperar nossos filhos, que ele chama de “nossa juventude”. Convoca prefeitos, igrejas, sindicatos a se unirem nesta cruzada. O Presidente só não convoca os técnicos da saúde e os cientistas sociais. Aliás, adverte paternalmente: “não podemos teorizar muito, precisamos envolver a sociedade…”. Sugere colocar o crack nas escolas. Entenda-se bem, como preocupação das escolas; os educadores devem tratar do tema, fiscalizar melhor nossas crianças viciadas e recuperá-las, disse ele.

O Presidente não foi orientado a dizer que a demonização de uma ou muitas drogas nunca surtiu bom efeito; a luta contra as drogas ao longo de 40 anos nos Estados Unidos da América do Norte foi um retumbante fracasso; que a violência desmedida relacionada ao tráfico passa pela ilegalidade deste comércio sem limites nem fronteiras; que todos nós consumimos drogas– em particular o álcool – uns mais outros menos; que cada um usa a droga que precisa: não é a droga que nos escolhe, cada um escolhe a droga que lhe convém. Neste sentido, lembremos que o crack, com seu extremo poder intoxicante, é a droga dos excluídos dentre os excluídos, dos desfavorecidos dentre os desfavorecidos. O crack é a droga dos sem futuro algum ou dos que perderam qualquer esperança. Alguns dirão: pessoas da classe média estão usando crack! É verdade. Mas lembremo-nos que o crack não permite a socialidade, não há prazer em seu consumo; só a angústia e ansiedade, somadas. A classe média não quer a morte, quer alegria e arte e por isto não acentuará este consumo. Atenção, o Presidente advertiu “não podemos teorizar muito”. Compreender o consumo de drogas através de estudos epidemiológicos, sociais, farmacológicos e clínicos é teorizar ou se instrumentar para agir? Conhecer o perfil dos consumidores facilita ou atrapalha? Não acredito que o Presidente Lula considere o estudo sobre o consumo de drogas por universitários, apresentado em 23 de junho pela Universidade de São Paulo e patrocinado  pela Secretaria Nacional de Políticas para Drogas (SENAD), seja uma mera teorização.

Quando o presidente se refere às escolas, deveria fazê-lo no que diz respeito ao fracasso de nosso ensino fundamental e médio, com escolas públicas caindo aos pedaços e professores despreparados e mal pagos, como mostra, de tempos em tempos, nossa mídia. O Presidente poderia ter sido orientado a considerar a invenção dos Centros de Atenção Psico-Social (CAPS), alternativa ao velho modelo hospitalar psiquiátrico, cronificante, exclusor e mortal. 

Ainda em seu discurso o Presidente Lula anunciou a destinação de 410 milhões de reais para subsidiar a luta, tendo o cuidado de advertir aos prefeitos da necessidade de apresentarem projetos. Ainda bem. Mesmo assim, temo que muitas bocas vorazes tentem arrancar pedaços desta oferta. Espero que muitos apresentem propostas assistenciais inovadoras voltadas para pessoas e não para lutar contra o inimigo errado. Nosso alvo deve ser sem dúvida nossos filhos e filhas, adoecidos, sem perder a dimensão do “por que, para que, como, quando, onde”. Permito-me, sugerir ao Presidente que em seu próximo discurso tome como alvo a necessidade de restauração de nossos laços sociais, restauração da Lei, restauração do gosto pelo ensino e pelo orgulho (perdido) de ser professor. Pelo respeito à coisa pública e de tantas outras certamente ouvidas por ele nas preleções de D. Lindu.

O crack não é inimigo da Humanidade. É a Humanidade, sem rumo, que se depara com o crack, na tentativa de aplacar o sintoma, seu mal-estar. A escolha é dos humanos. Espero que o Presidente Luiz Inácio Lula da Silva em outro momento, talvez na próxima Semana de Atenção ao Uso e Usuários de Substâncias Psicoativas (em lugar de luta contra as drogas), possa usar sua voz para nos convocar à tolerância com os diferentes e ao restabelecimento de valores fundamentais à vida. Certamente, estará fazendo verdadeira prevenção da necessidade do consumo de drogas.

RETRATO FAVELA: UM DOCUMENTÁRIO CORAJOSO

 

Há poucos dias apresentei aos meus alunos do curso de Psicologia da Faculdade Ruy Barbosa, um documentário que havia recebido de “Marcão”, e  sobre o qual deveriam escrever comentário, valendo como conclusão do curso.

Conhecí Marcão (batizado Marco Manso Cerqueira e Silva), ainda muito jovem, no antigo Departamento de Medicina Preventiva da Faculdade de Medicina da Universidade Federal da Bahia (hoje oficialmente denominada Faculdade de Medicina da Bahia). Sempre tive por ele uma grande afeição e alguma coisa me dizia que Marcão tinha uma alma especial. O tempo passou e nos reencontramos num destes acasos da vida. Precisáva de um bom motorista no CETAD e não hesitei em convidá-lo para inaugurar conosco um incipiente trabalho nas ruas de Salvador, com usuários de drogas injetáveis. Em pouco tempo Marcão foi a mão que plantou, em “vários lugares nunca d’antes aproximado”, se me permite Camões, o que se chamaria Programa de Redução de Danos do CETAD. Durante dez anos trabalhamos muito próximos até que a vida nos afastou (mas não é assim mesmo: a vida que aproxima não é a mesma que separa?). Hoje, Marcão é um dos Diretores da ABRAMD, que congrega profissionais em torno da atenção a usuários de substâncias psicoativas,  e foi o condutor na fundação da Associação Baiana de Redutores de Danos-ABAREDA.  Através desta associação, ele concebeu e deu vida ao documentário “Retrato Favela”. Escreví, para servir de parâmetro na correção dos trabalhos acadêmicos, minha própria percepção do documentário. Eis aqui, Marcão, o que penso de seu trabalho.

“Um homem negro de cabelos longos à moda rastafari, e por isso mesmo denominado “Rasta”, nos conduz por uma favela na região metropolitana de Salvador, marcada pela extrema pobreza e denunciando a tão mencionada desigualdade social; a favela faz divisão com regiões ricas e prósperas da cidade. De logo, torna-se evidente que o documentário colocará em evidencia o consumo de substâncias psicoativas por moradores desta favela, sem estabelecer qualquer vínculo de causalidade entre pobreza e este consumo. Crianças são vistas e moradores importantes, não usuários, são entrevistados.O alvo do documentário não é o sintoma – uso de drogas – mas o mundo em que vivem alguns consumidores, com suas dores e misérias , esperanças e sonhos. Não se aventura pelas causas, mas pelo modo como alguns consumidores, marcados pela pobreza e falta de oportunidades podem ser alcançados por uma prática inovadora, não incorporada, àquela época, à política de saúde do Brasil. Trata-se de reconhecer a possibilidade destes usuários  cuidarem de seu próprio uso, sem vitimização ou moralismo, colocando ao seu alcance  seringas e cachimbos que evitam a contaminação viral (AIDS-SIDA, Hepatites B e C), dentre outros agravos à saúde. Salienta o documentário, a necessidade deste aporte permanente, o que se torna possível pela formação de agentes de saúde usuários, de preferência moradores da região. Por outro lado, o reconhecimento honesto e franco da condição de “cidadão-usuário-de-drogas”, dá a essas pessoas a dimensão da esperança e da dignidade, inaugurando alguma estima por si mesmos até então desconhecida. Onde antes era só miséria, agora é miséria e algum respeito; onde antes era só morte e desordem, agora deixa circular a vida pela mão do  Redutor de Danos, portador de alguma  esperança.

Por outro lado, é possível tomar este documentário a partir dos elementos essenciais para a compreensão do consumo de SPA, lícitas ou ilícitas: o usuário e suas vicissitudes; as substâncias em suas dimensões químicas e enquanto objetos de mercado e as condições sócio-cultarais nas quais consumidor e substâncias se encontram e são marcados por valores da cultura. É interessante notar que neste documentário não são abordados os efeitos das substância nem seu valor de mercado, mas o encontro de pessoas com uma substância de extremo poder químico e desorganizador, o crack. Há no documentário referência à desordem que pessoas “pesadas”, usuárias  desta droga,  traziam para a comunidade. Aqui, não fica claro o lugar do tráfico, nem é este o propósito do trabalho. Contudo, na favela nem todos estão submetidos à ordem química; a favela é múltipla e plural. Evidentemente, os Redutores, quer de fora, quer da própria comunidade, não usuários, usuários ou ex-usuários, aportam “uma certa ordem”, conseqüência das informações e intervenções sobre o consumo a partir do respeito à liberdade de cada um,  sem imposições nem restrições.

Patrocinada pelo Ministério da Saúde, A ABAREDA, Associação Baiana de Redutores de Danos, “mostra sua cara”: sua sede é pobre e localizada na própria comunidade; suas portas estão sempre abertas. Ela se torna extensão dos barracos mas é, também, exemplo de que a pobreza pode explicar muito, mas não justifica tudo.

A esta altura, lembro o cancioneiro popular:

“…Na boiada já fui boi, boiadeiro já fui rei

Não por mim nem por ninguém que junto comigo houvesse,

Que quizesse ou que pudesse, por qualquer coisa de seu

Por qualquer coisa de seu, querer mais longe que eu.

Mas o mundo foi rodando, nas patas do meu cavalo

E já que um dia montei, agora sou cavaleiro.

Laço firme, braço forte, de um reino que não tem rei!”

(Disparada; letra de Geraldo Vandré e música de Théo de Barros, interpretada por Jair Rodrigues, Festival Record, 1966).

NOTA: Marco manso Cerqueira e Silva (marcomanso@ig.com.br)

Embriaguem-se!

ENIVREZ-VOUS

Il faut être toujours ivre. Tout est là: c’est l’unique question. Pour ne pas sentir l’horrible fardeau du Temps qui brise vos épaules et vous penche vers la terre, il faut vous enivrer sans trêve.

Mais de quoi? De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise. Mais enivrez-vous.

Et si quelquefois, sur les marches d’un palais, sur l’herbe verte d’un fossé, dans la solitude morne de votre chambre, vous vous reveillez, l’ivresse dejà diminuée ou disparue, demandez au vent, à la vague, à l’étoile, à l’oiseau, à l’horloge, à tout ce qui fuit, à tout ce qui gémit, à tout ce qui roule, à tout ce qui chante, à tout ce qui parle, demandez quelle heure est; et le vent, la vague, l’étoile,l’oiseau, l’horloge, vous répondront: “Il est l’heure de s’enivrer! Pour n’être pas les esclaves matyrisés du Temps, enivrez-vous sans cesse! De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise.”


NOTAS: Este poema em prosa, foi publicado pela primeira vez no Figaro de 07 de fevereiro de 1864, é o trigèsimo-terceiro da edição póstuma dos Pequenos Poemas em Prosa (1869).

Charles-Pierre Baudelaire nasceu em 9 de abril de 1821, na rue Hautefeuille, número 13, Paris, filho de Joseph-François Baudelaire e Caroline Defayis. Em 07 de abril de 1855, aparece pela primeira vez o título as Flores do mal em uma carta endereçada a Victor de Mars, e em 01 de junho deste mesmo ano foram publicados 18 poemas sob esse título na Revue des Deux Mondes. Em 1856, Baudelaire vende Les Fleurs du mal a Poulet-Malassis, que o torna disponível no ano seguinte. Em agosto de 1862, foram publicados no La Presse, catorze Pequenos poemas em prosa, e seis outros em setembro. Em 1864, fevereiro, foram publicados no jornal Le Figaro, Quatre petits poèmes en prose, um dos quais Enivrez-vous, sob o título coletivo: Le Spleen de Paris. Em 1866, Baudelaire adoeceu gravemente, vindo a falecer em 31 de agosto, tendo sido enterrado no dia 02 de setembro no Cemitério Montparnasse.

A tradução abaixo é de minha autoria e não acompanha a maioria das traduções disponíveis. Quase sempre, Enivrez-vous é traduzido utilizando-se a forma erudita: Embriagai-vos. Optei por Embriaguem-se, para tornar o título mais próximo de nossa linguagem cotidiana e soar melhor aos meus ouvidos. “Mas o que é isso? O que pensa este psiquiátra?”, bradarão especialistas e professores de literatura! Peço desculpas, estou embriagado: mais de poesia que de vinho;  mais de vinho que de virtude!

EMBRIAGUEM-SE

É preciso estar sempre embriagado. Tudo está aí: é a única questão. Para não sentir o horrível peso do tempo que abate seus ombros e lhe curva para a terra, é preciso embriagar-se sem trégua. Mas de quê? De vinho, de poesia ou de virtude, à sua escolha. Mas embriaguem-se.

E, se alguma vez, nas escadarias de um palácio, sobre a relva verde de um fosso, na solidão morna de seu quarto, você acorda, a embriaguez já diminuída ou desaparecida, pergunte ao vento, à vaga, à estrela, ao pássaro, ao relógio, a tudo que foge, a tudo que geme, a tudo que se move, a tudo que canta, a tudo que fala, pergunte que horas são; e o vento, a vaga, a estrela, o pássaro, o relógio, lhe responderão: “É hora de se embriagar! Para não serem os escravos martirizados do Tempo, embriaguem-se sem cessar! De vinho, de poesia ou de virtude, à sua escolha.”